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La lengua de signos, una lengua más.

10/04/2017 Blog

Solemos olvidarnos de la lengua de signos cuando nos preguntan a qué idiomas traducimos, pero sí, la lengua de signos es una lengua como otra cualquiera y sus hablantes necesitan, casi más que nadie, alguien que les interprete.

Cuando una persona sorda o sordociega precisa acudir al médico, a una oficina de la administración, o a cualquier otro lugar fuera de su entorno familiar o habitual en el que tenga que comunicarse, es imprescindible que vaya acompañado de una persona que pueda hacer de enlace y permitirle la comunicación con otra persona que no conozca la lengua de signos.

Ahora ya no es habitual, pero hace años en el telediario solía haber un intérprete de lengua de signos que transmitía las noticias al mismo tiempo que el locutor. Hoy en día, la tecnología ha generalizado el uso de subtítulos para dar servicio a las personas con problemas auditivos.

Estas personas con problemas auditivos han ido incorporando de forma natural la lengua de signos como respuesta creativa a la limitación sensorial de la sordera. Son lenguas naturales de carácter visual, espacial, gestual y manual en cuya conformación intervienen factores históricos, culturales, lingüísticos y sociales pero con todas las características formales del lenguaje humano: poseen una gramática visual rica y propia, son lenguas de cultura y dependen en su evolución y desarrollo de la comunidad de personas que la usan, las personas sordas, sordociegas y sus familias.

La lengua de signos no es una única lengua, lo podemos entender fácilmente si pensamos en que únicamente tienen un método de comunicación distinto que el oral. Cada país tiene su lengua de signos, e incluso varias, como en España, en la que hay dos, y no existe una equivalencia uno a uno con las lenguas orales; no todas las lenguas orales tienen una lengua de signos propia.

La lengua de signos no utiliza la mímica, como se suele pensar, sino que cuenta con un léxico normativizado y estandarizado por lo que es necesario estudiarla a fondo para poder comunicarse con un hablante de esta lengua. De igual forma, no todas las personas sordas saben hablar en lengua de signos, pudiendo suceder que no han tenido acceso a ella, o que su desarrollo de la sordera se produjo cuando ya eran hablantes orales de otra lengua, y han adquirido otras formas de comunicación que les sirve.