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Por qué la traducción automática necesita supervisión profesional

La inteligencia artificial ha llegado a la traducción para quedarse, y sería absurdo negar que es útil. El problema empieza cuando se confunde una herramienta con un traductor. Hace unas semanas nos llegó un ejemplo de manual: la web de una conocida empresa de mensajería en la que, al ir a comprobar el tracking de un envío, el cliente se encontraba con la pregunta «¿Qué te gustaría cambiar de tu parto?». Donde el original decía «delivery», la traducción automática eligió el paritorio en lugar del reparto, y el resultado fue un servicio de atención al cliente que, literalmente, ponía a parir a sus clientes. En este artículo te contamos por qué ocurren estos errores, qué cuestan de verdad y cómo puedes aprovechar la IA sin que tu marca acabe convertida en el meme del día.

¿Por qué se equivoca la traducción automática?

Un sistema de traducción automática no entiende el texto; calcula cuál es la traducción más probable de cada palabra y cada frase a partir de los millones de ejemplos con los que se ha entrenado. Funciona razonablemente bien con frases sencillas y contextos claros, pero falla en cuanto una palabra tiene varios significados y el texto no le deja pistas suficientes para elegir el correcto. «Delivery» puede ser una entrega, un reparto, la forma de pronunciar un discurso o un parto. A cualquier persona le basta con ver el número de seguimiento, el aviso de retraso y las opciones de «Dejar a un vecino» o «Retener en un punto de recogida» para saber que ahí nadie está dando a luz. Al algoritmo, por lo visto, no le bastó.

A eso se suman los falsos amigos, las expresiones hechas, el humor, los dobles sentidos y las referencias culturales, que son justamente lo que hace que un texto suene natural en su idioma. Traducir exige contexto, criterio y mucha cultura, tres cosas que hoy por hoy ninguna máquina aporta por sí sola.

El ahorro que sale caro

Pegar un texto en la primera IA que encuentras y publicarlo tal cual parece una forma rápida y barata de llegar a otros mercados. Lo es, hasta que alguien lo lee. Un error de traducción en una web corporativa, un catálogo o una campaña no se queda en una anécdota: transmite descuido, resta credibilidad y, en el peor de los casos, se comparte en redes con tu logotipo bien visible. Los euros que te ahorraste al no contratar a un traductor profesional se quedan muy cortos frente a lo que cuesta recuperar la reputación de una marca.

En textos técnicos, médicos o legales la cosa puede tomar un cariz más serio, porque un término mal traducido puede provocar un malentendido con consecuencias graves para la integridad física o consecuencias económicas derivadas de obligaciones contractuales.

La IA como herramienta, no como traductora

Nada de esto significa que haya que renunciar a la tecnología. La IA es una herramienta más, y bien utilizada puede agilizar mucho el trabajo. La clave está en que detrás haya una inteligencia natural que revise, corrija y adapte el resultado. Es lo que se conoce como posedición: un traductor profesional parte del texto generado por la máquina y lo convierte en una traducción fiel, coherente y adaptada al público al que va dirigida.

En agp traducciones ofrecemos este servicio para que se le pueda sacar partido a la inteligencia artificial de una forma verdaderamente inteligente. Trabajamos exclusivamente con traductores nativos, especializados en cada materia, que traducen a su lengua materna y conocen el país de destino. Donde la máquina duda entre un reparto y un parto, ellos no dudan.

¿Qué hay que tener en cuenta antes de traducir con IA?

Antes de publicar cualquier traducción hecha con inteligencia artificial, pregúntate quién va a leerla y qué pasaría si contiene un error o qué grado de error está tu empresa dispuesta a asumir. Si el texto representa a tu empresa ante clientes, socios o administraciones, nuestra recomendación es una revisión profesional del texto. Y si tienes dudas sobre qué tipo de servicio encaja con lo que necesitas, consúltanos. Te preparamos un presupuesto a medida, sin sorpresas de última hora.